lunes, 19 de agosto de 2013

Carta a mi lucero:


En la mitología griega pensaban que el lucero eran dos dioses diferentes,
le llamaban así a Venus cuando aparecía antes del alba y después del amanecer.
Sabías eso? Muchas religiones (aún hoy) lo consideraban un semidiós o un mensajero celestíal.
Hasta que finalmente terminaron llamando Estrella del Alba.
Y es la definición que mas me gusta, sabes porque? Porque sos mi estrella, mi lucero.
Aquel brillo especial que solo los que saben que está pueden ver.
Pero el que lo hace se siente muy afortunado de encontrar aquello que ve.
Es la pequeña luz que solo se ve en la oscuridad. 
Y que al descubrirlo da felicidad, aunque ni siquiera lo note.
Vos me das felicidad, aunque a penas te percates de ello. Con cada sonrisa, con cada gesto, con cada mirada. Soy feliz.
Aun con las palabras no pronunciadas, aun con los gestos no hechos. 
Y me entristezco cuando aparece la luz del día, porque significa que te vas. Que me dejas.
Pero no importa, quedo impaciente esperando el próximo encuentro. Extrañandote.
Y quizás no puedas comprender lo mucho que te quiero, pero lo hago.
Se que es difícil creer en palabras sueltas, dichas al pasar. A veces las palabras sin hechos que las respalden son frágiles… se gastan con el tiempo.
Pero te pido que tengas fe en ellas, así como yo se que apenas el último rayo de sol se vaya, vas a estar ahí para mi.
Como yo creo en las tuyas todos los días, aferrándome a la esperanza.
Si te doy mi confianza, no la quebrantes. Si te doy mi cariño, no lo desperdicies. No tengas miedo.
Soy una fiel convencida de que la paciencia es fundamental. Y eso vos me lo enseñaste.
Te acordás cuando te dije, que no creía en el amor para siempre? Pero si a algo que se le asemeja mucho, y es aquello que saca lo mejor de vos. Aprendí con vos a ser un poquito mas quien solía ser, no quien pretendo ser. Es tan solo eso. Sacás lo mejor de mi. Y si espero, pacientemente, bajo el árbol con mi amigo Buda es porque tengo fe. 
Entonces mientras haya un alba y mientras haya un atardecer… mientras el sol siga saliendo y siga ocultándose… Seguirás siendo mi lucero, y yo seguiré viendote aparecer, descubriéndote en secreto (no vaya a ser que alguien más note lo especial que sos).
Te quiero.
Osito.

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