jueves, 2 de abril de 2026

¿Nuestro?

A veces los lugares no son lugares. Son recuerdos que siguen respirando.

Vine a esta ciudad que tanto amo, mi lugar en el mundo, y sin embargo hoy se siente distinto. No porque haya cambiado —las calles siguen siendo las mismas, el aire tiene ese olor que reconozco con los ojos cerrados— sino porque falta algo. O alguien.

Hace poco más de dos semanas estabas acá. En esta misma cocina, apoyado contra la mesada, compartiendo una birra como si el tiempo no hubiera pasado.

En esta misma cama, donde los abrazos parecían alcanzar.

Y ahora estoy sola. Y no es una soledad dramática, de esas que rompen. Es otra cosa. Es más silenciosa. Más sutil. Como un eco.

Miro los espacios y no puedo evitar superponer escenas: lo que es y lo que fue hace tan poco. Como si el presente todavía no terminara de imponerse. Como si todo siguiera un poco impregnado de vos.

Es raro cómo funciona esto.

Cómo alguien puede irse y, sin embargo, quedarse en los rincones. En los objetos. En los gestos que ya no están pasando pero que mi cuerpo recuerda igual.

Hay algo triste en eso, sí. Pero también algo profundamente vivo.

Porque quiere decir que fue real. Que lo que pasó dejó marca. Y aunque hoy estos espacios me pesen un poco, sé que también son míos. Que antes de vos ya me abrazaban, y que de a poco van a volver a hacerlo sin doler.

Mientras tanto, camino despacio. Como quien aprende a habitar de nuevo un lugar que nunca dejó de ser suyo, pero que ahora tiene otra historia latiendo adentro.

¿Nuestro?

A veces los lugares no son lugares. Son recuerdos que siguen respirando. Vine a esta ciudad que tanto amo, mi lugar en el mundo, y sin embar...