miércoles, 26 de agosto de 2026

No podíamos parar de hablar, 
y ahora no puedo parar de preguntarme que estás haciendo
y si en algún momento pensas en mi como yo en vos. 

Fuiste mi compañía, la risa, la rutina de esas que no pesan. 
Ahora, todo hace eco, suena más vacío por qué no estás. 

Me acostumbré a vos, a tu forma de estar, a tu forma de hacerme reír. 
Me acostumbré a todo, menos a esto. A no saber de vos, a no escribirte. 

A tener que hacer de cuenta que no pasa nada, cuando en realidad pasa de todo. 

Supongo que hay amores que no se terminan, que cambian de lugar, 
y ahora te tengo acá, clavado en el pecho, ocupando un espacio que ya no te pertenece. 

Y lo peor es que te hablo en mi cabeza como si fueras a contestar. 
Cómo si no hubieras elegido el silencio. 
Cómo si no me hubieras soltado sin decirme que me estabas soltando.
Y yo estoy acá, aprendiendo a vivir con tu ausencia como si fuera parte de la rutina, como si olvidar fuera tan fácil como dejar de nombrar. 

Pero hay amores que no se van, aunque deje de decirlos en voz alta.

"Para arriesgar algo, hay que estar dispuesto a perder otra cosa. Y por eso la vida tiene algo de apuesta." Jacques Lacan. 

Lacan sabía algo insoportable. No se puede vivir sin perder. Por qué amar es apostar. Tener un hijo es apostar. Confiar es apostar. Empezar de nuevo es apostar. 

Y toda apuesta tiene algo en común: nadie apuesta sabiendo el resultado. Se puede ganar, se puede perder. Y justamente por eso es una apuesta.  Pero hay personas que se pasan la vida intentando no perder.

No aman demasiado. No se entregan demasiado. No sé ilusionan demasiado. No juegan demasiado. 

Cómo si pudieran hacer un pacto con la vida: "No me des mucho pero tampoco me saques nada".  Pero mientras intentan no perder... Se pierden algo mucho más doloroso. La vida que no se animaron a vivir. 

Por qué no hay amor sin riesgo. No hay deseo sin incertidumbre. No hay vida sin pérdida. Y quizás por eso el deseo tiene algo de valentía. Por qué nadie sabe cómo termina una apuesta. 

Nadie sabe si ese amor será para siempre. Nadie sabe cuánto tiempo tendrá con las personas que ama. Nadie sabe que traerá el futuro.  Y aún así, hay quienes aman. Quienes tienen hijos. Hay quienes vuelven a empezar y hay quienes se animan. 

Quizás vivir no sea encontrar garantías. Quizás vivir sea apostar. Sabiendo que se puede ganar. Sabiendo que se puede perder. Y aún así, desear. Por qué a veces no perdemos por haber apostando. Perdemos por haber pasado toda una vida intentando no hacerlo.

viernes, 7 de agosto de 2026

No sé en qué momento empezamos a creer que el amor tenía que venir a resolver la vida del otro. Cómo si querer a alguien significara encontrar todas las respuestas. ¿Resolver que? Yo no las tengo. Y, la verdad, tampoco quiero tenerlas. Por qué yo no quiero entrar a tu vida para salvarte de vos. Quiero entrar para que no tengas que atravesarla solo. Hay una diferencia enorme entre rescatar y acompañar. 

Yo no te voy a decir que decisión tomar. Tampoco voy a vivir las cosas por vos. Pero si querés, me siento al lado. Pongo la pava, tomamos unos mates. Capaz hablamos de lo que te pasa. Capaz terminamos hablando de cualquier pavada. Y capaz ese día no resolvimos absolutamente nada. Pero compartimos un rato de la vida. Estuviste menos solo, y eso para mí, también vale. 

Siento que hoy está lleno de gente que quiere ser imprescindible. Que necesita sentir que le cambio la vida a alguien para creer que quiso de verdad. A mí no me interesa eso. Nunca soñe con ser la que salve a nadie. Me conformo con ser esa a la que querés llamar para contarle una buena noticia. O una mala. O ninguna. Porque, a veces, no hace falta un motivo para querer estar con alguien. Hay días en los que vos vas a poder con todo, y yo me voy a alegrar de verte así. Hay otros en los que no, y también voy a estar. No por qué piense que me toque arreglar algo, sino por qué me gusta compartir la vida con la gente que quiero. 

Eso significa ser compañero, al menos para mí. Estar cuando hay algo que festejar y cuando no hay nada que decir. Estar cuando todo sale bien, y cuando las cosas salen al revés. 

Estar para escuchar una idea, una duda, un miedo o una pavada que se te cruzó mientras esperabas a qué se te enfríe el café. 

Por qué yo no quiero entrar a tu vida para ocupar un lugar que ya es tuyo. Quiero ocupar el mío. Ese lugar, al lado. El del que, si un día mirás para la derecha, probablemente esté ahí, con un mate en la mano. Con alguna historia para contarte. Con un abrazo si lo necesitas. O con un silencio, si ese día el silencio dice más. No quiero un amor que te haga depender de mi. Quiero uno que te haga sentir que, mientras la vida pasa, hay alguien que eligió caminarla con vos. Y, para mí, eso alcanza. Porque no quiero ser quien te resuelva la vida. Quiero ser la compañera con la que te den ganas de vivirla.

Nos enseñaron, de alguna forma, que amar más es perder.
Que quedarse es debilidad. Que el que sufre es el que perdió el juego.

Y entonces actuamos en consecuencia: Nos endurecemos, nos adelantamos,
nos vamos antes de que nos dejen o fingimos que nunca estuvimos realmente ahí. 
Pero hay algo en eso que no cierra.

Por qué si amar fuera perder, ¿Por qué duele tanto dejar de hacerlo?

¿Por qué hay una parte tuya que, a pesar de todo, sigue eligiendo sentir? 

Tal vez, por qué amar no es un intercambio justo. No es una ecuación donde das y recibís lo mismo. Es una forma de existir. 

Es mirar a alguien, y permitirte ser más blanda, más honesta, más real.
Es exponerte sin saber si el otro va a quedarse. Es dar sin garantías.

Y si, a veces termina mal, a veces no te eligen,
A veces no alcanza. Pero eso no invalida lo que diste.  

No te hace débil, no te hace ingenua, no te hace menos, te hace alguien que se animó.

Por qué es mucho más fácil cerrarse, volverse indiferente, no involucrarse, no sentir demasiado.

Pero eso también es perderse algo, perderse la intensidad, los detalles,
La forma en que todo se vuelve más significativo cuando hay amor de por medio.

Yo no sé si quiero convertirme en alguien qué ama con medida con tal de no sufrir. 

Prefiero que me duela haber sentido, a pasar la vida sin que nada me atraviese de verdad. Prefiero ser la que quiso, aunque no haya sido suficiente para que se quede. 

Por qué al final, lo único que habla de mi, no es quien se quedó.  Sino lo que fui capaz de dar.

sábado, 1 de agosto de 2026

No seas boludo

Si la querés, andá. 

Dejá el orgullo en la mesa de luz, apagá el teléfono, corré si hace falta.

Pero andá.

Porque hay personas que no se van porque dejaron de amar. Se van porque se cansaron de esperar que las elijan. Y un día, cuando mires su foto y sientas ese vacío insoportable en el pecho, no digas que el tiempo fue cruel.

El tiempo no hizo nada. La viste irse. Y no moviste un solo músculo para detenerla.

No estoy hablando de insistir donde te dijeron que no. Hablo de hablar antes de que sea tarde. De pelear por lo que vale mientras todavía existe la posibilidad de abrazarlo.

Porque después llegan las frases que empiezan con "si hubiera..."

Si hubiera ido. Si hubiera llamado. Si hubiera dicho lo que sentía. Si hubiera tenido cinco minutos más de valentía. Pero los "hubiera" no abrazan a nadie.

No besan. No construyen hogares. No devuelven personas. Así que, boludo...

Si todavía la querés, andá a buscarla. Decile que la extrañás. Decile que te equivocaste. Decile que tenés miedo.

Las personas no necesitan héroes; necesitan honestidad. Y si te dice que no, al menos vas a poder dormir sabiendo que hiciste todo lo que estaba en tus manos.

Pero si nunca vas...

Vas a pasar años inventando conversaciones que jamás ocurrieron, imaginando una vida que nunca existió y preguntándote cómo habría sido despertar al lado de la única persona por la que valía la pena tragarse el orgullo.

No dejes que el amor de tu vida termine siendo una anécdota que contás empezando con: "¿Sabés qué pasa? Nunca me animé."

Porque, a veces, el gesto más romántico del mundo no es escribir un poema. Es tocar el timbre.

Es decir: "No quiero perderte."

Y esperar la respuesta con el corazón temblando.

No podíamos parar de hablar,  y ahora no puedo parar de preguntarme que estás haciendo y si en algún momento pensas en mi como yo en vos.  F...