sábado, 14 de febrero de 2026

Un futuro que nunca nació

Hoy abrí Instagram y me encontré con un video que no estaba buscando pero que parecía estar buscándome a mí.

Un reel tuyo. Con ella.

Navidad. Año nuevo. Vacaciones. Conciertos. Abrazos. Risas. Besos. Momentos.

Momentos que eran exactamente los que yo había imaginado con vos.

Y no fue solo verte feliz. Fue verte viviendo la vida que yo soñé. Pero sin mí.

Hay un tipo de dolor muy particular en ver a alguien construir con otra persona la historia que te prometió —o que vos creíste que estaban escribiendo juntos.

No es solo celos. No es solo nostalgia. Es una especie de reemplazo visual. Como si alguien hubiera tomado el futuro que vos estabas esperando y lo hubiera puesto en manos de otra persona. Y encima, con música linda de fondo.

El reel duraba menos de un minuto. Pero a mí me atravesó años. Porque en cada escena había algo que yo también quise:

Brindar con vos en fiestas. Viajar. Reírnos en lugares nuevos. Sacarnos fotos espontáneas. Ser elegida en público. Ser elegida en privado. Ser elegida.

Lo que más duele no es que hoy estés con ella. Es que esas versiones tuyas —amorosa, presente, compañero, orgulloso— sí existen. Solo que no existieron conmigo.

Y esa es una herida difícil de explicar. Porque te hace preguntarte cosas que lastiman: ¿Por qué con ella sí? ¿Por qué conmigo no? ¿Qué me faltó? ¿Por qué no fui suficiente para que me ames así?

El reel terminó. Pero yo me quedé mirando la pantalla negra como si algo adentro mío también se hubiera apagado. No porque te ame todavía. Sino porque duele descubrir que la historia que una lloró sí era posible. Solo que no era con una.

Hoy no me rompiste el corazón de nuevo. Pero sí abriste la cicatriz. Y entendí algo que es incómodo aceptar: A veces no extrañamos a la persona.

Extrañamos la vida que creíamos que íbamos a tener con ella.

Y verla… existiendo con otra es como asistir en silencio al funeral de un futuro que nunca nació.

viernes, 13 de febrero de 2026

Un catorce sin treinta

Nunca fui de las que marcan el 14 de febrero en el calendario. Siempre me pareció una fecha inflada, comercial, exagerada.

El amor, pienso, no necesita un día. Y sin embargo, hoy me duele.

No por las flores, ni por las fotos cursis, ni por las historias llenas de cenas a la luz de las velas. Me duele porque extraño a Alex.

Extraño lo que sentía cuando todavía no sabía cómo iba a terminar todo. Extraño la versión mía que creía tranquila, segura, elegida.

Es raro cómo funcionan las fechas. Una puede decir que no le importan… hasta que un recuerdo decide sentarse a tu lado. Yo no extraño lo que pasó al final.

No extraño el silencio, ni la distancia, ni esa forma tan abrupta en la que algo se rompió. Extraño lo que había antes de saber que podía romperse.

Y eso es lo que más duele. Porque no es él solamente. Es la ilusión intacta. Es la confianza que tenía antes de aprender que el amor también puede irse.

Hoy no quiero romantizar el pasado. Pero tampoco quiero fingir que no me afecta. Hay días en los que una se siente fuerte, productiva, enfocada.

Y hay días, como hoy, en los que una simplemente extraña. Y eso también es sanar.

Tal vez algún 14 de febrero no duela. Tal vez algún 14 de febrero sea liviano.

Hoy no lo es. Y está bien decirlo.

domingo, 1 de febrero de 2026

Hay alguien que me ama.

Hay alguien que llegó a mi vida y me ama. Me lo dice con palabras claras, con gestos, con presencia. No tengo dudas de eso.

Y sin embargo, cuando me dice “te amo”, algo en mí se queda quieto. No porque no lo sienta. No porque no quiera. Sino porque hay una parte mía que todavía no volvió a su lugar.

Alex estuvo antes y no solo se fue, sino que rompió algo adentro mío. No fue un final prolijo. Fue una grieta. Un antes y un después.

Desde entonces, el amor no se me cae fácil de la boca. Se me queda atravesado en el pecho, como una palabra que pesa más de lo que debería.

La persona que hoy me ama no es responsable de esa herida. Lo sé. No tiene la culpa de mi miedo, ni de mi silencio, ni de este nudo que aparece justo cuando debería decir “yo también”.

Y aun así, no puedo mentir. Porque decir “te amo” cuando una parte tuya sigue rota no es valentía. Es abandono propio.

Hay algo mío que todavía está en reparación. Como una casa después de un terremoto: desde afuera parece en pie, pero adentro hay paredes agrietadas que nadie ve.

No es que no quiera amar. Es que todavía estoy aprendiendo a confiar en que amar no siempre termina en pérdida. Y mientras tanto, escucho ese “te amo” como quien recibe un regalo hermoso pero todavía no se anima a desenvolverlo.

Tal vez amar, esta vez, empiece distinto. No con una declaración, sino con paciencia. Con verdad. Con el permiso de decir: todavía no puedo, pero estoy acá.

Porque sanar no es olvidar lo que dolió. Es animarse a no romperse de nuevo por apurarse.

sábado, 24 de enero de 2026

Te extraño siempre.

Sigo extrañando a la persona que me rompió el corazón. Y decirlo en voz alta todavía me da un poco de vergüenza.

Porque, en teoría, ya debería haber pasado. Porque el mundo espera que una supere, archive, aprenda la lección y siga. Porque desde afuera parece que ya está todo resuelto. Pero no.

Extraño sin querer volver. Extraño sin idealizar del todo. Extraño incluso sabiendo que dolió, que no funcionó, que me dejó heridas que todavía estoy entendiendo. Hay días en los que el recuerdo aparece sin aviso. No como un drama, no como un llanto. A veces es solo una sensación suave, persistente, como una canción que sigue sonando bajito en el fondo.

Extraño lo que fue, pero también lo que no llegó a ser. Las versiones de nosotros que imaginé. Las conversaciones que nunca tuvimos. Las disculpas que no llegaron o que llegaron tarde.

Y lo más desconcertante es esto: puedo estar bien y extrañar al mismo tiempo. Puedo reírme, trabajar, crear, planear el futuro… y aun así sentir un nudo cuando algo me lo recuerda. Un olor, una frase, una forma de decir mi nombre.

Antes pensaba que extrañar era retroceder. Hoy entiendo que es una forma de duelo que no siempre pide cierre, solo reconocimiento.

No todo amor que se extraña quiere volver. No todo dolor pendiente significa que fallé en sanar.

Hay vínculos que no se olvidan porque nos transformaron. Porque marcaron un antes y un después. Porque nos obligaron a crecer, aunque el precio haya sido alto.

Así que sí, sigo adelante. Sigo construyendo. Sigo eligiéndome. Pero también sigo extrañando.

Y no voy a apurarme a dejar de sentir solo para cumplir con una expectativa ajena. Tal vez sanar no sea borrar a alguien del corazón, sino aprender a convivir con su ausencia sin que duela todos los días.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Bon o Bon

Cuando era chica había una especie de ritual secreto, casi místico, que nadie sabía muy bien de dónde venía pero todas respetábamos. Agarrabas el envoltorio del Bon o Bon, lo estirabas con cuidado y pensabas en esa persona. Después venía la prueba: una aguja clavada justo en el centro.

Si la aguja caía en el medio del corazón dibujado en la envoltura, el veredicto era claro y devastador: no te amaba.

Así, sin anestesia.

La vida sentimental resuelta por un papelito dorado y una aguja de costura.

Hoy tengo 33 años. Hoy me comí un Bon o Bon. Pensaba en Alex.

Y el envoltorio se rompió antes de siquiera poder intentar la misteriosa prueba.

No hubo aguja. No hubo señal. No hubo corazón donde clavar nada.

Y me quedé pensando que tal vez eso también dice algo.

Que de chica necesitaba rituales para entender el amor, porque no tenía herramientas, ni palabras, ni experiencia. Necesitaba que un objeto externo me diga lo que yo no podía soportar sentir sola.

Hoy el envoltorio no resiste. Se rompe.

Como se rompen las certezas simples. Como se rompen las historias que no eran. Como se rompen algunas ilusiones que ya no tienen dónde apoyarse.

Tal vez crecer sea eso: aceptar que no siempre hay una prueba, que no todo tiene señal clara, que muchas veces el amor no se define con un sí o un no… sino con silencios, con ausencias, con gestos incompletos.

O tal vez crecer sea entender que ya no necesito clavar agujas en ningún lado para saber cuando alguien no me ama.

A veces el envoltorio se rompe solo. Y eso también es una respuesta.

Un futuro que nunca nació

Hoy abrí Instagram y me encontré con un video que no estaba buscando pero que parecía estar buscándome a mí. Un reel tuyo. Con ella. Navidad...