domingo, 1 de febrero de 2026

Hay alguien que me ama.

Hay alguien que llegó a mi vida y me ama. Me lo dice con palabras claras, con gestos, con presencia. No tengo dudas de eso.

Y sin embargo, cuando me dice “te amo”, algo en mí se queda quieto. No porque no lo sienta. No porque no quiera. Sino porque hay una parte mía que todavía no volvió a su lugar.

Alex estuvo antes y no solo se fue, sino que rompió algo adentro mío. No fue un final prolijo. Fue una grieta. Un antes y un después.

Desde entonces, el amor no se me cae fácil de la boca. Se me queda atravesado en el pecho, como una palabra que pesa más de lo que debería.

La persona que hoy me ama no es responsable de esa herida. Lo sé. No tiene la culpa de mi miedo, ni de mi silencio, ni de este nudo que aparece justo cuando debería decir “yo también”.

Y aun así, no puedo mentir. Porque decir “te amo” cuando una parte tuya sigue rota no es valentía. Es abandono propio.

Hay algo mío que todavía está en reparación. Como una casa después de un terremoto: desde afuera parece en pie, pero adentro hay paredes agrietadas que nadie ve.

No es que no quiera amar. Es que todavía estoy aprendiendo a confiar en que amar no siempre termina en pérdida. Y mientras tanto, escucho ese “te amo” como quien recibe un regalo hermoso pero todavía no se anima a desenvolverlo.

Tal vez amar, esta vez, empiece distinto. No con una declaración, sino con paciencia. Con verdad. Con el permiso de decir: todavía no puedo, pero estoy acá.

Porque sanar no es olvidar lo que dolió. Es animarse a no romperse de nuevo por apurarse.

sábado, 24 de enero de 2026

Te extraño siempre.

Sigo extrañando a la persona que me rompió el corazón. Y decirlo en voz alta todavía me da un poco de vergüenza.

Porque, en teoría, ya debería haber pasado. Porque el mundo espera que una supere, archive, aprenda la lección y siga. Porque desde afuera parece que ya está todo resuelto. Pero no.

Extraño sin querer volver. Extraño sin idealizar del todo. Extraño incluso sabiendo que dolió, que no funcionó, que me dejó heridas que todavía estoy entendiendo. Hay días en los que el recuerdo aparece sin aviso. No como un drama, no como un llanto. A veces es solo una sensación suave, persistente, como una canción que sigue sonando bajito en el fondo.

Extraño lo que fue, pero también lo que no llegó a ser. Las versiones de nosotros que imaginé. Las conversaciones que nunca tuvimos. Las disculpas que no llegaron o que llegaron tarde.

Y lo más desconcertante es esto: puedo estar bien y extrañar al mismo tiempo. Puedo reírme, trabajar, crear, planear el futuro… y aun así sentir un nudo cuando algo me lo recuerda. Un olor, una frase, una forma de decir mi nombre.

Antes pensaba que extrañar era retroceder. Hoy entiendo que es una forma de duelo que no siempre pide cierre, solo reconocimiento.

No todo amor que se extraña quiere volver. No todo dolor pendiente significa que fallé en sanar.

Hay vínculos que no se olvidan porque nos transformaron. Porque marcaron un antes y un después. Porque nos obligaron a crecer, aunque el precio haya sido alto.

Así que sí, sigo adelante. Sigo construyendo. Sigo eligiéndome. Pero también sigo extrañando.

Y no voy a apurarme a dejar de sentir solo para cumplir con una expectativa ajena. Tal vez sanar no sea borrar a alguien del corazón, sino aprender a convivir con su ausencia sin que duela todos los días.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Bon o Bon

Cuando era chica había una especie de ritual secreto, casi místico, que nadie sabía muy bien de dónde venía pero todas respetábamos. Agarrabas el envoltorio del Bon o Bon, lo estirabas con cuidado y pensabas en esa persona. Después venía la prueba: una aguja clavada justo en el centro.

Si la aguja caía en el medio del corazón dibujado en la envoltura, el veredicto era claro y devastador: no te amaba.

Así, sin anestesia.

La vida sentimental resuelta por un papelito dorado y una aguja de costura.

Hoy tengo 33 años. Hoy me comí un Bon o Bon. Pensaba en Alex.

Y el envoltorio se rompió antes de siquiera poder intentar la misteriosa prueba.

No hubo aguja. No hubo señal. No hubo corazón donde clavar nada.

Y me quedé pensando que tal vez eso también dice algo.

Que de chica necesitaba rituales para entender el amor, porque no tenía herramientas, ni palabras, ni experiencia. Necesitaba que un objeto externo me diga lo que yo no podía soportar sentir sola.

Hoy el envoltorio no resiste. Se rompe.

Como se rompen las certezas simples. Como se rompen las historias que no eran. Como se rompen algunas ilusiones que ya no tienen dónde apoyarse.

Tal vez crecer sea eso: aceptar que no siempre hay una prueba, que no todo tiene señal clara, que muchas veces el amor no se define con un sí o un no… sino con silencios, con ausencias, con gestos incompletos.

O tal vez crecer sea entender que ya no necesito clavar agujas en ningún lado para saber cuando alguien no me ama.

A veces el envoltorio se rompe solo. Y eso también es una respuesta.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Seguí adelante, pero no indemne.

Logré cosas importantes después de que me rompiste el corazón.
Conseguí trabajo. Me recibí. Alcancé metas que durante mucho tiempo parecían lejanas.
Desde afuera, todo parece indicar que “salí adelante”.

Y es verdad… en parte.

Porque mientras mi vida avanzaba —con entregas, entrevistas, títulos y logros—
vos seguías apareciendo en los lugares menos productivos del día:
en el silencio, en el cansancio, en esa tristeza que no pide permiso.

Aprendí que el progreso no siempre viene acompañado de alivio emocional.
Que una puede cumplir objetivos con el corazón todavía lastimado.
Que el dolor no invalida los logros, pero tampoco desaparece solo porque todo “está bien”.

Durante mucho tiempo creí que sanar era olvidar,
que crecer era dejar de sentir,
que alcanzar metas iba a tapar lo que dolía.

No fue así.

Avancé igual. Con miedo, con nostalgia, con preguntas sin responder.
Me levanté igual los días que no tenía ganas. Celebré igual, aunque a veces me faltara alguien para compartirlo.

Y eso también es una forma de fortaleza, aunque no sea la que se muestra en Instagram. 

Hoy entiendo que puedo estar orgullosa de lo que construí y al mismo tiempo aceptar que todavía me duele lo que perdí.
Que no es contradicción: es complejidad emocional.

No todo lo que termina mal nos frena.
Pero tampoco todo lo que logramos nos cura.

Seguí creciendo, sí. Pero no indemne.
Seguí adelante… con el corazón un poco roto, y aun así, latiendo.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Feliz cumpleaños

Hoy cumple años el tipo que me enseñó, sin saberlo, que algunas personas no son heridas: son advertencias.
Que hay amores que no llegan a ser amor, pero igual dejan marcas como si lo hubieran intentado.

Él me dijo “te quiero” cuando yo tenía catorce y todavía confundía silencio con poder.
Hoy sé que no fue poder: fue cobardía. La mía.
Pero el tiempo tiene un sentido del humor particular, y cuando él volvió con el pecho inflado de adultez y palabras lindas, fue su turno de desaparecer.

Un gesto limpio, quirúrgico, casi elegante en su crueldad.
Copió mi error adolescente y me lo devolvió con intereses.

A veces pienso que ésa fue la única sincronía real entre nosotros: la capacidad de romper sin avisar.

Hoy es su cumpleaños. No voy a fingir ternura.
Le deseo lo que me deseo a mí: que deje de caminar por la vida creyéndose misterio
cuando en realidad solo es un laberinto mal diseñado.
Que aprenda a quedarse, o al menos a no prometerlo.
Y que algún día entienda que desaparecer no lo convierte en profundo, solo en predecible.

Yo crecí. Él también, supongo. Pero algunos crecen hacia adentro,
haciéndose cargo; otros crecen hacia afuera, llenándose de máscaras.

A él le deseo una cosa simple y sincera: que su próxima víctima tenga más suerte que yo.
Y que sus fantasmas —incluyéndome— le soplen las velas con la misma fuerza
con la que él sopló nuestras historias.

Feliz cumpleaños. Que la vida te devuelva todo lo que dejaste a la mitad. Incluido esto.

Hay alguien que me ama.

Hay alguien que llegó a mi vida y me ama. Me lo dice con palabras claras, con gestos, con presencia. No tengo dudas de eso. Y sin embargo, c...