No sé en qué momento empezamos a creer que el amor tenía que venir a resolver la vida del otro. Cómo si querer a alguien significara encontrar todas las respuestas. ¿Resolver que? Yo no las tengo. Y, la verdad, tampoco quiero tenerlas. Por qué yo no quiero entrar a tu vida para salvarte de vos. Quiero entrar para que no tengas que atravesarla solo. Hay una diferencia enorme entre rescatar y acompañar.
Yo no te voy a decir que decisión tomar. Tampoco voy a vivir las cosas por vos. Pero si querés, me siento al lado. Pongo la pava, tomamos unos mates. Capaz hablamos de lo que te pasa. Capaz terminamos hablando de cualquier pavada. Y capaz ese día no resolvimos absolutamente nada. Pero compartimos un rato de la vida. Estuviste menos solo, y eso para mí, también vale.
Siento que hoy está lleno de gente que quiere ser imprescindible. Que necesita sentir que le cambio la vida a alguien para creer que quiso de verdad. A mí no me interesa eso. Nunca soñe con ser la que salve a nadie. Me conformo con ser esa a la que querés llamar para contarle una buena noticia. O una mala. O ninguna. Porque, a veces, no hace falta un motivo para querer estar con alguien. Hay días en los que vos vas a poder con todo, y yo me voy a alegrar de verte así. Hay otros en los que no, y también voy a estar. No por qué piense que me toque arreglar algo, sino por qué me gusta compartir la vida con la gente que quiero.
Eso significa ser compañero, al menos para mí. Estar cuando hay algo que festejar y cuando no hay nada que decir. Estar cuando todo sale bien, y cuando las cosas salen al revés.
Estar para escuchar una idea, una duda, un miedo o una pavada que se te cruzó mientras esperabas a qué se te enfríe el café.
Por qué yo no quiero entrar a tu vida para ocupar un lugar que ya es tuyo. Quiero ocupar el mío. Ese lugar, al lado. El del que, si un día mirás para la derecha, probablemente esté ahí, con un mate en la mano. Con alguna historia para contarte. Con un abrazo si lo necesitas. O con un silencio, si ese día el silencio dice más. No quiero un amor que te haga depender de mi. Quiero uno que te haga sentir que, mientras la vida pasa, hay alguien que eligió caminarla con vos. Y, para mí, eso alcanza. Porque no quiero ser quien te resuelva la vida. Quiero ser la compañera con la que te den ganas de vivirla.