domingo, 15 de marzo de 2026

Hay un lugar

Hay un lugar al que siempre vuelvo cuando necesito recordar quién soy. Un pueblo pequeño, de calles tranquilas y silencios largos, donde alguna vez fui profundamente feliz. Yo lo llamo mi lugar feliz. No porque todo haya sido perfecto, sino porque ahí aprendí lo que se siente vivir con el corazón abierto.

Cada vez que la vida pesa un poco más de lo normal, viajo hasta ahí. No siempre con el cuerpo, a veces solo con la memoria. Pero esta vez sí fui.

Caminé las mismas calles, respiré ese mismo aire que siempre me calma. Y entre tantos recuerdos que viven en ese lugar, apareció uno que yo no esperaba encontrar de nuevo: mi amor de siempre.

Nos miramos como se miran las personas que ya se conocen el alma. Sin explicaciones, sin reproches, sin tener que contar todo lo que pasó en los años que quedaron en el medio.

Hay personas con las que el tiempo no rompe el hilo invisible que alguna vez existió. Hablamos, nos reímos, recordamos. Y en medio de esa noche, como si estuviéramos diciendo algo que llevaba mucho tiempo guardado, le dije que lo amaba, me dijo que yo siempre había sido el amor de su vida.

No sé si existen las frases que llegan tarde, o si simplemente llegan cuando tienen que llegar. Pero esa noche se sintió verdadera.  Pasamos unas horas que parecían suspendidas del tiempo. Como si el mundo hubiera decidido hacer una pausa para dejarnos recordar lo que alguna vez fuimos el uno para el otro.

Nos reímos, nos abrazamos, nos miramos mucho. Como hacen las personas que saben que están viviendo algo que no va a repetirse. Porque también sabemos algo más: que más allá de esa noche, nuestros caminos siguen separados. No por falta de amor, sino por esas circunstancias de la vida que a veces escriben historias hermosas… pero cortas.

Y sin embargo, hoy me voy de este lugar con una certeza muy tranquila dentro del pecho. Hay amores que no necesitan durar para siempre para ser reales.

Hay amores que viven en un lugar más extraño y más profundo: en la memoria, en los lugares que guardan nuestras mejores versiones, en las noches que no se olvidan.

Quizás no volvamos a elegirnos en esta vida. Pero en algún rincón de ese lugar feliz, donde todo empezó, yo sé que seguimos existiendo.

Y de alguna manera, eso también es amor.

No hay comentarios:

Un ruido en el pecho.

Existe una forma del silencio que no es ausencia, sino ruido. Un murmullo constante, como una radio mal sintonizada en el pecho. No se apaga...