domingo, 29 de marzo de 2026

Si fuera fácil...

“Vos tenés muchas ganas de amar a alguien.”

La dijo mientras yo lo abrazaba, mientras le decía —sin filtro, sin defensa— que lo amaba. Y en ese instante sentí cómo algo de lo que era tan claro para mí, para él se volvía duda. Como si lo que yo sentía necesitara explicación, o peor, corrección.

Pero no. No era eso.

Porque si se tratara solo de ganas, la historia hubiera sido mucho más simple. Me hubiera quedado donde era fácil. Donde me querían bien, donde había cuidado, donde todo era correcto. Me hubiera quedado con esa persona que hacía todo lo que se supone que alguien tiene que hacer: estar, acompañar, elegir. Pero no pude.

Porque hay algo que no se puede forzar, ni construir a voluntad, ni inventar por conveniencia. Hay amores que simplemente no nacen, por más que todo alrededor esté dado para que sí. Y fingirlos… es una forma de traición demasiado silenciosa.

Así que me fui. Me fui de lo seguro, de lo posible, de lo que “debería haber sido”, porque no era verdad para mí. Porque el amor —el de verdad— no se sostiene con ganas. Se siente o no se siente.

Y lo que yo sentía… era por él.

Por eso duele tanto que lo haya reducido a eso. A una necesidad. A una especie de impulso vacío que podía haber llenado cualquiera.

No entendió que, justamente, si fuera tan fácil como amar a alguien, no estaría acá, sosteniendo esto que arde, que incomoda, que no siempre es correspondido… pero que es real.

Yo no tenía ganas de amar a alguien.

Yo lo amaba a él.

No hay comentarios:

Si fuera fácil...

“Vos tenés muchas ganas de amar a alguien.” La dijo mientras yo lo abrazaba, mientras le decía —sin filtro, sin defensa— que lo amaba. Y en ...