viernes, 6 de marzo de 2026

Tomemos una birrita.

A veces no duele solo lo que pasó.
Duele también lo que nunca pasa.

Sigo esperando algo tan simple. Un mensaje que diga:
“Hola, ¿tomamos una birrita y charlamos? Cerremos esto”.

No para volver. No para discutir.
Ni siquiera para que me pidas perdón. Solo para entender.

Para que me mires a los ojos y me digas por qué. Por qué tanta mentira.
Por qué tanta historia inventada. Por qué hacerme creer cosas que no eran verdad.

Porque cuando alguien te rompe el corazón, lo que queda después no es solo tristeza.
Quedan preguntas. Y las preguntas son un eco que no se apaga.

A veces imagino esa escena simple. Una mesa cualquiera.
Dos vasos transpirados sobre la madera. Y una conversación honesta que llega tarde, pero llega.

Algo humano. Algo real.

Pero el mensaje nunca aparece.

Y entonces el silencio empieza a decir cosas. Cosas que duelen más que cualquier verdad. Porque el silencio también es una respuesta.

Es la forma más fría de decir que no te importa reparar lo que rompiste. Y mientras tanto, uno sigue acá.
Intentando cerrar una puerta que el otro dejó abierta. Esperando una charla que probablemente nunca llegue.

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Te amo, como ahora.

Ayer soñé con vos. No con un abrazo, ni con un encuentro de esos que me invento despierta. Soñé con algo más chico. Más simple. Más peligros...