viernes, 13 de febrero de 2026

Un catorce sin treinta

Nunca fui de las que marcan el 14 de febrero en el calendario. Siempre me pareció una fecha inflada, comercial, exagerada.

El amor, pienso, no necesita un día. Y sin embargo, hoy me duele.

No por las flores, ni por las fotos cursis, ni por las historias llenas de cenas a la luz de las velas. Me duele porque extraño a Alex.

Extraño lo que sentía cuando todavía no sabía cómo iba a terminar todo. Extraño la versión mía que creía tranquila, segura, elegida.

Es raro cómo funcionan las fechas. Una puede decir que no le importan… hasta que un recuerdo decide sentarse a tu lado. Yo no extraño lo que pasó al final.

No extraño el silencio, ni la distancia, ni esa forma tan abrupta en la que algo se rompió. Extraño lo que había antes de saber que podía romperse.

Y eso es lo que más duele. Porque no es él solamente. Es la ilusión intacta. Es la confianza que tenía antes de aprender que el amor también puede irse.

Hoy no quiero romantizar el pasado. Pero tampoco quiero fingir que no me afecta. Hay días en los que una se siente fuerte, productiva, enfocada.

Y hay días, como hoy, en los que una simplemente extraña. Y eso también es sanar.

Tal vez algún 14 de febrero no duela. Tal vez algún 14 de febrero sea liviano.

Hoy no lo es. Y está bien decirlo.

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