domingo, 15 de febrero de 2026

Dora versiones de una misma historia

Hay algo particularmente desconcertante en hablar con alguien con quien compartiste amor, promesas y proyectos, y descubrir que ahora hablan idiomas emocionales distintos.

No es que no se entiendan las palabras. Se entiende todo. Demasiado. Se entiende el tono correcto. La distancia bien medida. La prolijidad del cierre.

“Pasó casi un año." “Así debería mantenerse.” “Te deseo lo mejor.” Es un lenguaje de final. Ordenado. Razonable. Adulto. Pero hay historias que no terminan cuando se decide que terminaron. Terminan cuando terminan adentro de alguien. Y adentro mío no terminó.

No porque quiera volver. No porque no acepte la distancia. No porque no entienda que su vida siguió. Sino porque lo que pasó conmigo no fue una anécdota que puede archivarse con el tiempo. Fue un quiebre.

Hay una extraña soledad en escuchar a alguien describir tu historia compartida como algo cerrado, lejano, casi irrelevante… mientras vos todavía la sentís viva en el cuerpo.

No es nostalgia. No es apego. Es discontinuidad. Como si dos personas hubieran vivido experiencias distintas en el mismo vínculo. Él habla de respeto. Yo hablo de heridas. Él habla de no hablar de mí.  Yo hablo de lo que pasó conmigo. Él habla de que no deberíamos seguirnos en redes. Yo hablo de una promesa que existió.

Y en el medio hay algo que no encuentra traducción: la diferencia entre seguir adelante y haber dejado a alguien atrás. No le puedo pedir que sienta lo que no siente. Pero tampoco puedo fingir que lo que vivimos tuvo el mismo peso para ambos. Porque para mí no fue un capítulo. Fue un punto de inflexión.

Y cuando me dice que considera firmemente que no deberíamos volver a vernos, entiendo algo que duele de una manera más silenciosa: hay personas que pueden cerrar una historia mientras del otro lado todavía se la está viviendo.

No hay discusión posible ahí. Solo versiones. La suya, donde el tiempo ordenó todo. La mía, donde algo quedó suspendido. Y no, todavía no puedo desearle lo mejor. No por rencor. Sino porque sigo habitando las consecuencias de lo que para él ya es pasado.

Tal vez algún día nuestras versiones se acerquen en la distancia. Tal vez no. Pero hoy hay una verdad que no puedo suavizar: él habla desde después, yo todavía hablo desde adentro.

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