Querido diario, hoy no pensé en Alex.
No pensé en él cuando sonó una canción que antes me habría hecho detener todo para escucharla con el corazón apretado.
No pensé en él cuando miré el teléfono y no encontré ningún mensaje suyo.
No pensé en él cuando pasé por lugares que todavía guardan ecos de conversaciones, risas y promesas que ya no sé si existieron de verdad o si las inventé para sobrevivir a su ausencia.
Hoy no pensé en Alex. O al menos eso intenté decirme.
Porque la verdad es que pensé en él cuando me desperté y tardé unos segundos en recordar que sigue sin estar. Pensé en él cuando tomé un café sola. Pensé en él cuando algo me hizo reír y sentí el impulso automático de querer contárselo. Pensé en él cuando el día se puso gris y también cuando salió el sol.
Pensé en él en todos esos pequeños espacios donde antes estaba su nombre. Y me di cuenta de algo extraño: ya no duele exactamente igual.
No es que haya desaparecido el dolor. Sigue ahí. Sigue apareciendo sin avisar, como una vieja herida que recuerda que existe cuando cambia el clima. Pero ya no ocupa toda la habitación. Ya no consume cada pensamiento. Ya no es el único idioma que habla mi corazón.
Hay momentos, cada vez más largos, donde vuelvo a ser yo. La chica que escribe. La que imagina. La que se ríe de cosas absurdas. La que sueña proyectos imposibles. La que ama las historias, las serpientes de Slytherin, los diseños a medio terminar y las ideas que aparecen a las tres de la mañana.
Y entonces pasa algo que todavía me cuesta aceptar: la vida continúa incluso cuando una persona se va. No porque deje de importar. No porque el amor haya sido mentira. Sino porque el tiempo, obstinado y silencioso, sigue avanzando aunque una parte de nosotros quiera quedarse esperando en la misma estación. Hoy no pensé en Alex.
Mentira. Pensé en él. Pero también pensé en mí.
Y después de tanto tiempo, eso ya es algo. Quizás incluso sea el comienzo de algo que todavía no sé nombrar. Porque entre todos los pensamientos que me dejó su ausencia, de a poco empieza a aparecer uno nuevo:
¿Qué pasa si algún día mi historia vuelve a tratarse de mí?
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