Dicen que cuando Mercurio está retrógrado, el pasado vuelve. Que aparecen personas que creíamos haber dejado atrás y sentimientos que nunca terminaron de irse del todo.
Y, tengo miedo. Miedo de que vuelva ella. De que su nombre aparezca en su pantalla, de que una conversación despierte recuerdos con los que no puedo competir. Miedo de que descubra que todavía la quiere y que, de repente, todo lo que podríamos haber sido deje de importarle.
Porque yo sí lo imaginé. Imaginé las tardes juntos, las pequeñas cosas, los momentos que todavía no vivimos. Imaginé lo lindo que podría ser descubrirnos sin tener que mirar hacia atrás.
Y me aterra que todo eso se quede en mi imaginación. Que él vuelva a una historia conocida sin siquiera darnos la oportunidad de escribir la nuestra.
Supongo que, en el fondo, no le tengo miedo a Mercurio retrógrado. Le tengo miedo a no ser elegida. A que alguien del pasado tenga más fuerza que todas las posibilidades del futuro.
Y qué triste sería, ¿no? Que nos perdiéramos sin haber descubierto siquiera lo felices que podríamos haber sido.
Yo no quiero competir con sus recuerdos. Quiero ser parte de sus planes. Quiero que, cuando mire hacia atrás, tenga motivos para sonreír, pero que cuando mire hacia adelante, también pueda imaginarme ahí.
Ojalá que, si el pasado vuelve a llamar a su puerta, él recuerde que hay cosas nuevas que también merecen una oportunidad.
Ojalá que, esta vez, no se olvide de nosotros.
De ese nosotros que todavía no existe, pero que yo, en secreto, tengo tantas ganas de conocer.
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