domingo, 24 de mayo de 2026

La espera nunca termina.

Creí que si escribía el dolor con suficiente honestidad, ibas a venir.

Creí que si dejaba mi tristeza expuesta, abierta como una herida sobre la mesa, algo en vos se iba a mover. Que ibas a leerme y reconocerme en el fondo de todo eso. Que ibas a entender que todavía te espero en lugares donde ya no tendría que esperarte.

El otro día te dejé una cita escondida entre palabras. Un “vení a verme” disfrazado de texto de blog. Y hoy te vi en otra parte. Comiendo locro, riéndote, compartiendo la tarde con ella y con tu amiga, mientras yo sigo acá, sobreviviendo días que pesan demasiado.

Y entonces entendí algo horrible: el dolor no siempre llama de vuelta a las personas.

A veces una escribe desde el fondo del pecho pensando que la tristeza puede funcionar como un puente. Como una señal de humo. Como una última prueba de amor. Pero hay gente que puede leer tu angustia y aun así seguir con su vida.

Y eso destruye.

Porque yo no quería que vuelvas solamente por amor. Quería que vuelvas para poder sanar. Necesitaba mirarte una vez más y encontrar alguna explicación que calmara este vacío constante. Porque vivir extrañando así cansa. Cansa despertarse con ansiedad, revisar redes buscando señales, interpretar silencios, imaginar escenarios donde todavía queda algo por salvar.

Cansa sentir que el corazón quedó detenido en alguien que ya siguió adelante.

Lo más triste es que todavía hay una parte de mí que espera. Una parte que sigue creyendo que quizás aparezcas después de leer esto. Que quizás entiendas que detrás de cada palabra hay una persona que se está rompiendo en silencio.

No hay comentarios:

La espera nunca termina.

Creí que si escribía el dolor con suficiente honestidad, ibas a venir. Creí que si dejaba mi tristeza expuesta, abierta como una herida sobr...