sábado, 1 de agosto de 2026

La calma del amor

Prometeme que, si un día me da miedo el amor y empiezo a huir, me vas a recordar que con vos no tengo que esconderme.

Voy a hacer chistes para disimular que me gustas muchísimo, teneme paciencia, es mi forma torpe de bajar las defensas. 

Me gustas por qué tenés esa clase de mirada que hace que quiera contar verdades que escondería hasta de mi misma.

Sos un peligro, me haces imaginar domingos de cama con pelis, y yo siempre fui más de despedidas y resacas.

No quiero que me prometas para siempre, quiero que cada vez que puedas irte, elijas quedarte.

Antes confundía intensidad con amor, después llegaste y entendí que la calma también puede hacerte temblar las piernas. 

Lo más sexy que hiciste no fue tocarme, fue tratarme con cuidado.

No quiero asustarte pero prepárate para escucharme escribirte textos mientras me fumo un pucho en la ventana y me hago la poeta maldita. 

Voy a ponerte nervioso a propósito, solo para después sentarme en tus piernas y hacer como si yo no hubiera provocado el incendio.

Me da miedo por qué siempre sentí las cosas demasiado fuerte. Voy a escribir muchísimo, perdón, es inevitable. Hay personas que se convierten en poesía a penas llegan. 

Pensaba que los domingos eran solo una habitación hasta que empecé a imaginar tu risa haciendo eco.

Sos esa clase de problema por la que vale la pena llegar tarde a todo.

Si supieras la de poemas que llevan tu nombre escondido bajo entre líneas. Me siento vulnerable sin que parezca una derrota. 

Que raro eso de encontrar ternura entre tanta ruina emocional.

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