viernes, 7 de agosto de 2026

Nos enseñaron, de alguna forma, que amar más es perder.
Que quedarse es debilidad. Que el que sufre es el que perdió el juego.

Y entonces actuamos en consecuencia: Nos endurecemos, nos adelantamos,
nos vamos antes de que nos dejen o fingimos que nunca estuvimos realmente ahí. 
Pero hay algo en eso que no cierra.

Por qué si amar fuera perder, ¿Por qué duele tanto dejar de hacerlo?

¿Por qué hay una parte tuya que, a pesar de todo, sigue eligiendo sentir? 

Tal vez, por qué amar no es un intercambio justo. No es una ecuación donde das y recibís lo mismo. Es una forma de existir. 

Es mirar a alguien, y permitirte ser más blanda, más honesta, más real.
Es exponerte sin saber si el otro va a quedarse. Es dar sin garantías.

Y si, a veces termina mal, a veces no te eligen,
A veces no alcanza. Pero eso no invalida lo que diste.  

No te hace débil, no te hace ingenua, no te hace menos, te hace alguien que se animó.

Por qué es mucho más fácil cerrarse, volverse indiferente, no involucrarse, no sentir demasiado.

Pero eso también es perderse algo, perderse la intensidad, los detalles,
La forma en que todo se vuelve más significativo cuando hay amor de por medio.

Yo no sé si quiero convertirme en alguien qué ama con medida con tal de no sufrir. 

Prefiero que me duela haber sentido, a pasar la vida sin que nada me atraviese de verdad. Prefiero ser la que quiso, aunque no haya sido suficiente para que se quede. 

Por qué al final, lo único que habla de mi, no es quien se quedó.  Sino lo que fui capaz de dar.

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Soy experta en complicarme la vida para demostrar que sé vivirla sencilla. Puedo encontrarle tres vueltas a una pregunta y ninguna a una res...