viernes, 21 de enero de 2011

30 de agosto de 2010

Una espina en el corazón es dolorosa. Si lo sabré yo.
Un vacío tan profundo y solitario.
Difícil de llenar por más que pase el tiempo.
Debemos entender, que no somos fuertes.
Somos tan débiles como una flor. Marchitándonos una y otra vez a causa de un amor.
Mis lágrimas, entremezcladas con el aroma de tu cuerpo caerán en ese abismo vacío.
Donde antes estaba mi corazón.
Un vacío tan negro como la noche en que te fuiste y me lo robaste.
Para este entonces, ya habrá perdido su color rojo pasión. Como controlar algo que ya no es mío.
Maldito el día en que te dije que sí.
En el que te vi y en el que te sonreí.

Pero las cosas hechas, hechas están.
No puedo cambiar el tiempo, que pasa y pasa sin ningún enredo.
Hasta que finalmente decida rendirme. Decir basta. No luchar más. Y será por ti.
Mis amigos preguntarán ¿Estás bien? ¿Por qué tan triste?
Y yo solo me dedicaré a sonreír, esa sonrisa que dice “Estoy bien, gracias”. Como siempre lo hice.
Como tú me viste el día en que te conocí.

Mi pequeño ángel. El que se marcho con mi corazón.
Tu mismo fuiste el que clavo esa espina.
Condenándome.
Y no te molestes en pedir perdón.
Porque sabes que te perdonaré. Y luego lloraré como nunca habré llorado.
Me has dejado, te marchaste para nunca más volver.
Pero una sola cosa mas diré. Te quiero.

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