miércoles, 22 de junio de 2016

Mi quinoto.

Si el amor está ordenado y prolijamente calculado, entonces no es amor. Por eso prefiero quererte así, desordenada. Si las palabras alcanzan, entonces es mentira, un sentimiento jamás puede ser encerrado en dos palabras, o en cien, simplemente se siente. Por eso prefiero a veces no decirlo, sino demostrarlo. “En un beso sabrás todo lo que he callado”, dijo Neruda.  De todas formas lo voy a intentar.

Te quiero, de manera ridícula, de manera alocada pero firme. Ah si, muy firme. Puedo decir con certeza y seguridad lo mucho que lo hago. Hoy enredadamente te quiero. Te quiero en las mañanas, y en las tardes, te quiero cuando te me quedas mirando sin decirme que pasa por tu cabeza, y te quiero incluso cuando no me miras. Te quiero cuando haces un gesto de enojo por qué algo no te gusto, te quiero cuando me decís que me queres. Te quiero por hacerme querer.

Me haces feliz, todas las horas y todos los días. Mañana a las cinco y cuarto voy a estar queriéndote como ayer a las doce y cinco. Y en alguna noche de Julio... voy a estar queriendote, como hace algunas semanas atrás en Mayo. Me haces feliz, a cada paso y en cada sonrisa. Con cada latido de tu corazón.

A veces sé porqué te quiero, otras veces no tengo la menor idea, no me preocupa tampoco. No es mi intención desilusionarte... pero no te quiero en las flores, en las salidas, o en las fiestas. No te quiero en los versos de una canción, o en las risas de un chiste. Te quiero absolutamente todo el tiempo.

Con vos soy libre de sentir, tanta esperanza en cada mirada, tanto soñar y es realidad ahora que estas. 

Y si todo esto que digo no se entiende bien, o algunas partes carecen de sentido es porque está funcionando. Es por que este cariño es tan irracional como genuino. Gracias por ser mi quinoto.

viernes, 18 de marzo de 2016

La llave de Nicolas (editado)

Ella caminaba distraída por las calles del centro de una gran ciudad, los pájaros, las bocinas, la gente que continuamente hablaba, nada de eso importaba ya que lo importante no estaba allí sino en su cabeza. 
Envuelta en sus pensamientos siente la brisa del viento, en su cuello colgaba una cadenita con un dije en forma de llave. Un paso, dos, tres. Siempre hacia adelante.
Cuando de repente lo sabe, comienza a sentir como sus músculos se contraen, la respiración se le entrecorta y un cosquilleo en la parte inferior de la cabeza. 
Rápidamente quiso recordar si había tomado su medicación. Pero ya no pudo hacer mas que dejarse caer.
Cuando los ataques de epilepsia venían, no había mas que esperar a que pasaran. 
Mientras caía al suelo él la sostuvo. Como un ángel que venia a salvarla. Y en el mismo instante en que el toco su cuerpo el ataque cesó.
Mientras la contenía en sus brazos la observaba. Detenidamente examinaba cada facción de su cuerpo, y como la respiración lentamente se apaciguaba.
Cuando ella pudo recobrar el control sobre su cuerpo cruza una mirada con él, y entonces el destino le juega una mala pasada… no sabe muy bien porqué ni tampoco como… pero se enamora de su salvador o al menos cree hacerlo.
Él le cuenta que se llama Nicolas, al mismo tiempo que ella le agradece lo que había hecho pero no le dice su nombre.  
Comienzan a caminar y él a su lado mientras andaban se coloca las manos en los bolsillos. Aunque ella deseaba que la tomara de su mano no dice nada.
Se limitan a charlar de trivialidades, hasta que poco a poco ella comienza a soltarse, no puede evitar esa sensación irrefrenable de querer contarle sobre su vida. Entre cruce y cruce de miradas, se le escapaba una sonrisa.
Él le cuenta historias, historias sobre ángeles y demonios, sobre flores que en la sombra son cuchillos, aprende algo nuevo a cada paso. 
Entre charla y charla vislumbraba de reojo cosas extrañas, sombras de gente a quien no le prestaba atención.
Su mano comienza a temblar nuevamente y al observarla un rastro de sangre se extendía por ella, pero en la fracción de un pestañeo ya no estaba alli. 
Quizás una alucinación. Su cuerpo ya la estaba abandonando.
Ella no sabía cuanto tiempo llevaban caminando, tampoco le importaba, pero en el horizonte se perdía el último rayo de sol. 
Ya no se sentía vacía. -Vamos?- él le preguntó. -Si- le dijo muy segura.Y tomo la mano que el le tendía.
Y así como se esfumaba el rayo de sol, se esfumaba su vida, acompañando a su ángel de la muerte, hacia la oscuridad.

Intento de terror.

Sentado en mi silla de siempre me encuentro tomando un cafe, en el reflejo de la taza veo mi bigote blanco, que viejo me siento. Viejo y cansado.
Miro por la ventana y desde la comisaría veo a mi Rosario. A lo largo de los años fue cambiando, la recuerdo grande, los adolescentes venían a estudiar, las familias a establecerse y terminó siendo un nido de corrupción y muerte.
Recuerdo los '60, aquella gran manifestación de los trabajadores ferroviarios y otros reclamos sociales.
Pero los '70 fueron terribles, el país era un caos y en Rosario detonaba una bomba que daba como resultado 11 muertes (muchos compañeros míos) y otros 30 o 40 heridos… no recuerdo bien la cifra.
La gente desaparecía de las calles, veías pasar un Falcon verde y sabías que alguien iba a morir.
Quién pudiera olvidar esos años, pero jamás dejarán que pase, estoy seguro que aquellas vidas arrebatadas, rondan aun hoy por acá, por estos mismos pasillos y por estas calles, lo se, los vi, fantasmas que ni el padre Ignacio podría hechar, que reclaman justicia aun hoy.
Y si me preguntan, y con mi experiencia de tanto tiempo, le tengo mas miedo a los vivos que a los muertos.
Cuando les cuente mi historia quizás me crean o quizás no. ¿Alguna vez escucharon la frase "Creer o reventar"?
Yo llevaba a penas uno o dos años como policía, trabajaba en una comisaría de la zona sur de Rosario, como refuerzo. Era una época donde los móviles de las comisarías todavía patrullaban, no como hoy que a penas llevan y traen papeles de una oficina a otra.
Esa noche, después de una ronda de mates salimos a patrullar. A eso de las cinco de la mañana, como era invierno, todavía era de noche.
Pero aunque fuese de noche, las calles tenían ese toque lúgubre… como de infierno.
Recuerdo que doblamos en Horacio Cestino… Y le dije a mi compañero: "Viste eso??"… Y él aseguraba no haber visto nada. Pero yo, creía haber visto a una mujer de pelo largo negro y vestido blanco entrar a una casa abandonada. "Una mujer entro ahí" le aseguré, y mi compañero con un dejo de burla me aseguro que allí no podría haber nadie ya que justamente aquella casa estaba abandonada.
Sin darle mayor importancia seguimos nuestra ronda y volvimos a la comisaría. De ser un hecho sobrenatural no sería la primera vez que veíamos algo así.
Al día siguiente arrancamos nuestra ronda mas temprano, y eran como las tres de la mañana cuando pasamos de nuevo por la misma calle… Horacio Cestino n 455, presté atención al número, y de nuevo la misma mujer, esta vez me miró y pude vislumbrar que a sus manos le faltaban las uñas, en sus ojos había un dejo de tristeza, como olvidar esos ojos verdes que tan fijamente me miraban, como si pidiese ayuda, después de un breve momento ingresó a la casa.
Miré a mi compañero y por su cara pude suponer que había visto lo mismo que yo.
Nos armamos de valor y nos bajamos del auto, la casa ya no tenía puerta (seguramente había sido saqueada como tantas otras), así que entramos.
Y enseguida se escucho un grito. Puedo jurar que los gritos de terror de las películas no se comparan a nada de lo que yo escuche esa noche. Unos minutos de silencio, y un llanto. Un llanto de bebe.
Me paralicé, no recordaba si había traído la linterna, y no podía ver nada. Había un intenso olor a humedad y a óxido, como el de la sangre.
Mi compañero mas rápido que yo, encendió su luz y nos dirigimos hacia donde creíamos había provenido el grito.
En esa habitación se encontraba una cuna y en el borde de ella un cartel que decía "Juliana". La cuna comenzó a mecerse… No nos dieron las piernas para salir corriendo. Subimos al auto y dejamos atrás esa casa.
Al otro día hablo con mi jefe, un sub oficial que tenía mas antigüedad que yo y le pregunto sobre la casa en cuestión.
Creí que si le contaba sobre la mujer me tildaría de loco, así que le dije que solamente me llamaba la atención porque estaba en ruinas.
Se limito a decirme que no importa lo que hiciera no entrara allí.
Pero mi humanidad me pudo y tuve que volver, esta vez solo. No me animaba a entrar, estaba asustado.
Toque timbre en la casa de al lado y fingiendo que era parte de una investigación pregunte quien vivía allí.
¿Usted debería saberlo, es parte de ellos o no? - Me contestó una anciana de muy mal humor y con un dejo de desdén. Yo soy policía, no asesino, pensé. Fingí no entender y continúe preguntando.
¿Usted la vio no? - Y al ver mi expresión la anciana rió. -Su nombre era María Laura Bretal. Un día llegaron vio, como hacen siempre, tocaron la puerta y ella no quiso abrir, así que la derrumbaron. La ataron a una silla y con una pinza comenzaron a arrancarle las uñas… una por una. La pobrecita no sabía nada. Tenía una nena sabe, tres años tenía. Después de someter a María Laura a violaciones, submarinos  y electrochoques le arrebataron a su bebé y la dejaron morir ahí. Desde acá mismo se podían oír sus gritos.
Ahora cada 5 de mayo ella vuelve, ronda por su casa en busca de su hija robada."

martes, 10 de noviembre de 2015

En sueños me hablaba.
"No le digas a nadie" susurraba.
Los rastros de un oscuro fantasma,
que atormentaban mi mente.
Que no me dejaban en paz.
"Ya se que lo sabes" me repetia.
Intento recordar nuestras promesas.
Debo decir que pude cumplir con algunas, y eso no es decir poco.
Seguí. Te fuiste y yo seguí.
Aun recuerdo eso también. Me mirabas, fríamente te alejabas.
Un agujero en mi interior se abrió.
Algo asi como un hoyo negro que absorvia todo lo que tocaba.
No importaba. Yo seguía. Caía,  me levantaba y seguía.
Y dolía. Cada vez que te nombraban,  cada vez que te recordaba,  se estremecia mi agujero,  se movia dañando algo mas.
Paso el tiempo y aunque no había sanado por completo habíamos aprendido a convivir,  yo y mi dolor.
Volviste,  una noche que creí había esperado toda mi vida.
Para que?  Para recordarme que era momentáneo y que de nuevo te ibas.
Y yo accedí,  sabiendo que la unica suena lidiaba con el después era yo.
De nuevo seguía y lloraba.  Pero seguía.
Hoy no puedo mas. De tanto seguir, mi voluntad se gastó.
Supongo que me rindo al dolor, o nos mimetizamos tanto que ya no puedo distinguirlo.
Son estos momentos de solitario silencio en donde me doy cuenta cuanto todavia te extraño.

martes, 22 de septiembre de 2015

Lucero.

Mientras me besaba, decía que cada melodía
le traia mi recuerdo.
Cada nota, cada canción, lo acercaba a mi.
Me abrazaba, y me decía que solo junto a mi,
se sentía a salvo. Mentía!
Me prometía una burbuja, un lugar en donde solo
él y yo existíamos.
Me acuerdo que vió mi tatuaje. Ese en forma de letra.
Pero ignoró por completo que era él.
Un recordatorio, para no cometer de nuevo el mismo error,
que en ese momento cometía.
El error de seguir amandolo, como si nada hubiera pasado.
Me observaba con sus ojos verdes. Esos ojos!
Cuanto los extrañaba.
Me tocaba el pelo, me bañaba en un sedante.
La realidad! Cuando un rayo de sol asomaba supe que era hora.
Habia que volver. Siempre hay que volver.
Cuanto iba a doler el golpe.
Pero que podía hacer yo si lo amaba!
Solo rendirme. Rendirme a ese amor, que solo yo sentía.
Quizás no era como lo había planeado. No, seguramente no.
Él era tan... Y ella era tan... Ambos eran.
Como una forma cambia en otra... y en otra...
Con colores negros y violetas. Haciendose una masa sin forma.
Como un alma, absorve esos colores y se oscurece.
Se oscurecian, pero se amaban. Supongo.
Había prometido cuidarla, y en su lugar la habia abandonado.
Lo normal.
Hoy ya no son los mismos. Nada los une.
Y sin embargo ella lo extraña. Lo necesita.
Como quien deja de fumar. O quien ha sido exorcisado.
Siempre esta el peligro de la recaida.