sábado, 4 de junio de 2011

Los sueños, están hechos para dormir. (Parte 1)

-No sabés de donde viene, que es lo que hace ¿y si te lastima? ¿estás loca?- Mi mejor amiga me miraba fijamente – No quiero que te traiga problemas, no lo conoces.
-¡¡Por Favor!!¡¡ Es un dulce!!-, Noté que estaba corriendo a toda velocidad, sentí que el comienzo sería deslumbrante, era aquello con lo que tanto había soñado. –Además ya estoy lo bastante grande como para que me digas que hacer y las chicas si lo conocen- Y la miré con cara de reprobación, mientras ella no hacía mas que enumerar todas aquellas cosas que podían pasarme, como siempre, la ignoré.
Él se planteaba en mi vida como un serio problema a resolver. La primera vez que lo vi, fue en el zoológico. Se lo notaba alegre y entretenido con su hijo.
“Un hijo…”, enseguida lo pensé, no sería un problema ya me que gustaban los chicos.
El lugar se veía ocre por el otoño, y los animales se resistían a aparecer. Sólo la jirafa acercó su cabeza a la valla. Él llevó algo en su mano y se lo dio. En ese momento supe que estaría perdida por ese hombre por el resto de mis días.
No imaginé que me miraría, pero me miró. Y aunque yo no sabía prácticamente nada de él y me basaba en los pocos datos que mis amigas habían podido conseguirme, no podía dejar de verlo. Un ser extraordinariamente atractivo, algo que jamás había visto. Quizás las chicas no lo vieran de esa forma y me dijeran que estaba loca, pero para mí, así lo era. Me había distraído tanto pensando en él que lo perdí de vista. Me fui creyendo que seguramente no volvería a verlo.
Para mi sorpresa, a los dos días caminando por la calle lo vi. No sabía qué hacer, no podía simplemente salir de la nada y presentarme.
-Hola, soy Florencia, te vi el otro día en el zoológico y me quede como una tonta observandote- Definitivamente, mala idea.
Observé que había entrado a un negocio, me haría la distraída y entraría allí también. Me dispuse a entrar pero al cruzar la puerta todo sucedió en cuestión de segundos, su cuerpo frente a mí, unas cuantas bolsas que habían sido desparramadas y yo había caído al suelo. Tarde unos minutos en saber que había pasado.
- Lo siento – me dijo.
El me tendió su mano, la tomé y me levanté, al parecer nos habíamos chocado en la puerta, recogió mis cosas, me las dio y con una sonrisa volvió a pedir disculpas y se fue.
Pasaron los días, y no supe más de él luego de ese accidentado encuentro. Quien era este misterioso hombre, que me había dejado sin aliento. Como era posible, que algo tan bello existiera en este mundo. Quizás no lo sabría nunca.
Me había dado cuenta que de la sorpresa no había abierto ninguno de los paquetes que había comprado ese día, y como quería distraerme me dispuse a ordenarlos, quería mantener mi mente alejada no quería pensar más en él porque de todos modos, ¿qué sabía yo de él? Mis amigas me habían dicho que estaba soltero y que tenía un hijo, pero no me habían dicho su nombre…Algo baste raro, quizás si lo habían mencionado pero yo no había prestado atención a ello.
Mientras pensaba en eso, observe que faltaba un paquete con un vestido, lo cual era extraño porque no recordaba haberlo puesto en otro lugar que no fuese mi habitación.
Al mismo tiempo que yo buscaba, sonó el timbre de la puerta, y como quien no quiere la cosa fui a abrirla, debía ser el gasista o alguna de las chicas que venía a tomar mate.
Pero este, es el punto donde uno piensa que las cosas más insólitas pueden pasarle hasta a la más común de las personas. Al abrir la puerta, allí estaba él, alto, con su aspecto juvenil, su pelo color castaño oscuro y sus ojos color verde esmeralda.
Por cómo me habló creí que el también estaba nervioso, según había entendido (estaba en shock todavía por lo que no podía centrarme demasiado) él se había tomado la molestia de llevarme un paquete que había quedado mezclado en sus cosas el día del último encuentro (mi nombre y dirección se encontraban en el ticket dentro de la bolsa). Sinceramente no lo creía.
No quería ser descortés por lo que lo invité a pasar y serví café. Supe de su vida-lo que contaba-En estas charlas por el éter, yo no expresaba demasiado, por seguridad en parte, y por torpeza, también. Supe su nombre, Dario, coleccionaba autos, tocaba el piano, jugaba al beisbol y era un amante de la velocidad. Y aunque extremadamente serio y reservado, se mostraba dulce y amable.
Definitivamente me enamoré de él, cuando lo vi irse en su Aston Martin plateado, no veía la hora de volver a verlo....

Continuará.

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