sábado, 4 de junio de 2011

Los sueños, están hechos para dormir. (Parte 2)

Pasaban los días y en las noches dejaba que la imaginación hiciera de las suyas. Lo veía tan increíble, que me aterraba que fuese solo un producto de mi imaginación.
Lo presentí increíble, manso…sabía también que en algún momento surgiría la necesidad de volver a vernos. Al menos eso creía yo, hasta que comenzaron las dudas ¿y si era en realidad insoportable?, ¿cómo puede gustarme alguien que en realidad había visto tres veces? Yo me dejaba llevar por lo que él me decía.
Algo me decía que confiara en él, pero también algo me decía que no lo hiciera. Yo sabía que lo amaba, pero nada estaba dado por seguro. Confesarle lo que sentía era como un saltar al vacío sin paracaídas.
Había transcurrido un mes y él no aparecía. En esta instancia de mi imaginación, me llamé a la realidad y tuve una idea, si él había venido a verme, porque no iría yo a verlo, quizás él estaba esperando eso.
Comencé, entonces, a preguntarle a mis amigas donde podía encontrarlo y ellas me llevaron hasta su casa.
Al llegar, con nerviosismo toqué el timbre, aguardé unos momentos, pero nadie atendía entonces pensé que quizás no estaba en casa, cuando me disponía a irme una mujer abrió la puerta.
Pregunté por Dario y la mujer me dijo:
- Mi marido no está en casa, ¿querés que le deje algún mensaje?
Y un niño se asoma por la puerta preguntando a su madre quien tocaba el timbre.
Mi mundo se había paralizado en un instante. ¿Cómo? ¿Marido? ¿Y tenían un hijo juntos?
Y así llegué a una conclusión terrible: “algo tenía que tener, era como pensaba, alguien como Dario sólo existía en mi imaginación”, no le contesté a la mujer, me subí al auto y me fui.
De inmediato me propuse encontrarnos, pero lo haría de manera que yo pudiese entender lo diferente que somos y que él no me pertenecía y nunca sería mío.
Tanía que asustarlo, saber que nunca podría fijarse en mi, aunque tuviera esa posibilidad.
Conseguí su celular y lo llamé, parecía sorprendido al escuchar mi voz, lo cité a las 5 en punto, en la puerta de mi casa, con la excusa de que tenía que decirle algo importante y me dijo que allí estaría. A la hora acordada me paré en la escalera, esperé unos minutos sentada, alcé la vista y allí estaba él, otra vez perfecto, otra vez comprándome con cada movimiento. Tenía que hacerlo, dolería, pero era lo correcto.
- Dario
Giró inmediatamente y sus ojos me resultaron perfectos (Pero no podía ser).
- Flor – dijo con voz suave y aterciopelada. (Definitivamente la vida me estaba castigando)
-Qué bueno que vinieras -le dije simulando una sonrisa.
-Me dejaste preocupado, que es eso que me tenías que decir -Y me miró fijamente
-No te lo voy a decir acá, tenés que acompañarme a un lugar primero y tenés que taparte los ojos –Le dije, no permitiéndome concebir esperanzas.
- Confío en vos –Me dijo, y se dejó vendar los ojos.
Cada una de sus palabras, era un puñal en mi corazón. ¿Como podía hacerle esto?
Le tape la cara con un pañuelo y asegurándome que no veía nada, lo conduje hasta una casa a dos calles de la mía esta pertenecía a mi familia pero estaba vacía hacía mucho tiempo, en el camino, el acariciaba mi brazo no sé que pretendía con eso, pero hacía que mi plan se hiciera más difícil de ejecutar.
No sé cómo pero, caminamos la última media cuadra, agarrados de la mano.
Al llegar a la puerta le destapé los ojos y me miró con extrañeza, pero no dijo nada. Entramos y el primer paso estaba hecho, Dario inspeccionaba el lugar, como la casa no se había usado en años, las paredes estaban un poco sucias, algunas mesas estaban descoloridas y el olor a antiguo no era algo que se pudiese ignorar. Además las cortinas desgastadas por el tiempo y los ruidos de la madera vieja daban un aspecto como el que yo estaba esperando. Él indudablemente huiría de mi por más que eso me doliera.
Para mi sorpresa no lo hiso, se había limitado a preguntarme qué hacíamos ahí. Le contesté que era una sorpresa, y lo conduje hasta una habitación.

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